El Sevilla acumula más errores que aciertos desde el inicio de la temporada, sin perspectivas de mejora inmediata. Los fallos individuales y colectivos pesan considerablemente más que cualquier mérito ofensivo en el rendimiento del equipo. Cada encuentro evidencia la fragilidad defensiva que caracteriza al conjunto sevillista.
Desde la segunda jornada, cuando cayó ante el Getafe en el debut casero de Matías Almeyda, el término «errores» se ha convertido en la palabra más repetida por el técnico. Tras esa derrota inicial, el equipo sumó en tres partidos consecutivos, generando esperanzas sobre una posible corrección de los problemas. No obstante, el encuentro contra el Villarreal demostró que la mejoría era superficial.
El duelo contra Villarreal expuso nuevamente las carencias. La expulsión de Nianzou llevó al equipo a actuar con desesperación, buscando los tres puntos en inferioridad numérica cuando un empate habría sido aceptable. La falta de lucidez táctica permitió que el equipo amarillo se llevara la victoria aprovechando esa irresponsabilidad estratégica.
Los errores continuaron manifestándose en encuentros posteriores. Ante la Real Sociedad y el Atlético de Madrid, fallos defensivos marca infantil comprometieron resultados. En el Metropolitano, Nianzou cometió un error elemental que desequilibró un partido igualado, terminando en goleada. En la Copa del Rey, Castrín provocó un penalti ante el Alavés que eliminó al equipo. En el Bernabéu, un fallo de Marcao dejó al Sevilla con diez cuando podría haber puntado frente al Real Madrid.
Incluso en partidos donde el rendimiento era aceptable, los errores se manifestaron decisivamente. Contra el Celta, un penalti cometido por Oso en los minutos finales costó puntos valiosos. La Liga no tolera despistes, y los rivales castigan sin piedad cada distracción defensiva del equipo nervionense.
El Mallorca proporciona un ejemplo del ciclo repetitivo. Almeyda describió tras la ida: «Dejamos abiertas las opciones al rival. Ellos esperaban y de errores nacen los goles de ellos, errores infantiles.» Meses después, en Son Moix, el técnico expresó frustración: «Me duele muchísimo porque aprovecharon nuevamente nuestros errores», subrayando que estos aspectos habían sido trabajados y observados reiteradamente.
Las consecuencias son palmarias. El Sevilla encaja 37 goles, apenas tres menos que el colista Oviedo, y suma 12 derrotas. El equipo es uno de los más frágiles de LaLiga y apenas sabe empatar, logrando apenas tres empates en toda la temporada. Posicionado apenas dos puntos por encima del descenso, enfrenta una lucha por la permanencia tan complicada como la del curso anterior.




